domingo, 16 de noviembre de 2014

La Ballade de Lénore



Horace Vernet, 1839. Museé des Beaux-Arts de Nantes

Óleo sobre lienzo

61 x 55 cm.

Hoy centraremos la atención en esta pintura de tradición romántica, inspirada por el poema Lenore (1773), de Gottfried Bürger. Narra la historia de una joven y su prometido, Wilhelm, un caballero que parte hacia Praga para la batalla. Cuando la guerra de los Siete Años termina, éste no regresa. A pesar de las exhortaciones de sus padres, Lenore no acepta la desaparición de su amado. La joven se desespera, rebelándose contra Dios y provocando su ira. A medianoche, se le aparece un misterioso caballero que ella toma por Wilhelm y que la pide que le acompañe cien millas hasta el nicho nupcial, donde podrá pasar las noches en lugar quieto, estrecho y frío. Lenore pregunta como podrán llegar tan lejos antes del alba, a lo que el caballero responde con la famosa frase Die Toten reinen schnell (Los muertos cabalgan deprisa). La joven se sube al caballo del extraño que comienza a cabalgar con un ritmo frenético a lo largo de un trayecto que termina en un cementerio. Fortuitamente, la joven levanta el yelmo de la armadura del caballero y descubre una calavera. El poema termina con un grupo de fantasmas rodeando a una agonizante Lenore, prometiendo cuidar de su alma eternamente.

En las primeras páginas de El invitado de Drácula, (un relato corto de juventud de Bram Stoker, que no fue publicado inicialmente en la novela, pero que su mujer, Florence, quiso añadir en 1914 como primer prefacio de la novela tras la muerte de su marido) se narra como Jonathan Harker, durante la noche de Walpurgis, termina en un cementerio a las afueras de Munich, donde encontrará una tumba sobre la que había una gran estaca de hierro, con un una lápida que tiene grabada la inscripción Die Toten reinen schnell, lo que provocará un extraño desasosiego en el ánimo del joven abogado inglés. Comienza un fuerte tormenta y Jonathan se refugia en el portal dórico de la tumba: ".. estalló el resplandor de un rayo que iluminó toda la extensión de los cielos. En aquel instante, igual que puedo aseguraros que estoy vivo, vi, mientras mis ojos volvían a la oscuridad de la tumba, a una mujer bellísima, de mejillas redondeadas y labios rojos, al parecer dormida encima de unas andas, [...] entonces se produjo otro relámpago cegador, [...] la mujer muerta se levantó en un momento de agonía, mientras estaba bañada en llamas, y su amargo grito de dolor se ahogó en el estruendo de un trueno..."

En la pintura, la mirada se centra inmediatamente en los ojos iluminados de la calavera, para desplazarse enseguida a la mirada de horror de la muchacha y a las dos manos unidas bajo la armadura. En segundo término quedan los espectaculares efectos de los cascos del caballo, provocando chispas contra la tumba del suelo o el del relincho infernal, que transmite la sensación de un galope desenfrenado por parte de la bestia. De esta forma, Vernet consigue contagiarnos inmediatamente del espíritu esotérico del poema. 

Dos curiosidades sobre Vernet: la primera, el pintor nació en el museo del Louvre, donde sus padres se refugiaron durante la Revolución Francesa; la segunda, en El intérprete griego, relato incluido en Las memorias de Sherlock Holmes (1894), el famoso detective afirma que el pintor era tío abuelo suyo. Horace Vernet, repudiado por Baudelaire, dibujó además una célebre caricatura: "La puerta de algodón de Luis XVIII"





Pluma y tinta negra sobre papel

10,6 x 15,6 cm.



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